Nuevas formas de llorar

A veces me sorprendo de lo sorprendente que puede ser la vida, y entonces siento cómo me desbordo emocionalmente, para bien o para mal, o ambas a la vez. A veces me sorprendo haciendo cosas nuevas, descubriendo partes del cuerpo que no sabía que tenía y hasta rincones de mi mente a los que nunca había prestado atención.

Durante muchos años me costó reírme. No solo porque no tenía ganas o no me nacía, sino porque cada vez que lo intentaba me salía fatal. No sonaba bien, no parecía una risa natural. Me ha costado mucho tiempo, pero creo que ya lo domino. A veces hasta me río de cómo me río -por qué me da por sentir las cosas al cuadrado es un misterio. 

Llorar siempre se me ha dado mejor. En silencio cual madonna, de desesperación, de rabia. Aún recuerdo lo perpleja que me quedé la primera vez que lloré de cansancio, un día en el que estaba tan agotada que la única forma que encontré para dormirme fue llorar primero. No sucede a menudo, pero siempre me ha parecido un llanto fascinante. 

Acabo de ver la película Historia de un matrimonio. Sabía lo que me iba a encontrar, aunque me la esperaba peor. Es raro decir que te gustan películas así. Me gusta lo bien hecha que está. Todo menos el niño, que es un repelente. Pero no, no me gusta la historia. No me gusta lo real que es la historia. Gente que se enamora, se consume. Gente que cede y gente ciega que no ve cómo su pareja se diluye. Gente que se divorcia, que provoca huracanes de ira. Gente que vuelve a la calma y sigue con su vida. Esa es la cosa, que así es la vida. Sobrevivimos a todo. 

Pero me ha puesto triste. Me ha recordado a hace una semana, comiendo con una amiga y su ex. No me gusta su ex. Es lo que tiene haber escuchado muchas historias, todas desde la perspectiva de mi amiga. Rompieron hace meses, pero se llevan muy bien. Yo no lo entendía hasta que ese día les vi metiéndose el uno con la otra y viceversa. "Creo que por eso no podría estar jamás en una relación. No sé si podría tener ese rollo con alguien", dije. Tardé cinco minutos en recordar que ya no estaban juntos. 

Salvo porque en aquellos momentos sí lo estaban. Lo están. No son pareja, pero son parte de la vida del otro. Han estado para el otro en momentos difíciles, han celebrado cumpleaños, aniversarios y miles de momentos que les pertenecen solo a ellos. Han cuidado el uno del otro. Y se quieren y están conectados, y ninguna ruptura logrará quitarles eso. Sencillamente porque han cruzado el punto a partir del cual sabes que alguien va a estar en tu vida para siempre. Entendí todo eso aquel día. Y desde entonces odio al ex de mi amiga un poco menos. 

En el final de la película me eché a llorar de una manera nueva, la misma en la que estoy llorando ahora. Me guste o no hay personas que son parte de mí como las yemas de mis dedos, que viven en mi voz y en mis gestos. Y cuando lloro, también en mis ojos.

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